Por Elda de Ciocchini
Una vez más el caudal renovado de la vida nos prueba que el olvido no existe.
Aunque yo no esté, aquí y ahora, presente, les aseguro que mi corazón se siente en profunda comunión con el de Uds., familiares y amigos de quienes van a ser recordados hoy junto a mi hija Maria Clara.
Conocí bien a esos chicos, maravillosas criaturas, Eli, Horacio y Eduardo, los quise muchísimo también. Fuimos – también con otros – “familia “ al calor de la Pequeña Obra y sus religiosos, y así maduramos en la Fe.
Ansiaban trabajar para lograr un mundo que fuera mejor y compartirlo, pero fueron arrancados de nuestros brazos y cruelmente desaparecidos.
Pero hoy, aquí, están sus imágenes, hechas y tocadas por el amor.
Mirémoslas, no son sólo sus rostros, bellos y nobles. Veámos también aquello que lo trasciende : bondad, generosidad, compromiso, es decir todo lo que viene de Dios y va hacia El.
Encomendémonos a El y no olvidemos que la vida y la memoria de la vida son sagrados.
Para leer y releer. Para tener siempre presente.
ResponderEliminarGracias a Elda por enviar estas palabras que se leyeron en el ESAPI y gracias a Claudia, su hija y hermana de Maria Clara, por leerlas.